21 août 2008

Las cocinas de bronce.


apartarnos de todo aquello que nos cegaba
en un estado mental que no obedece la razón ni a una voluntad propia
simplemente para desaparecer
evadirse y evaporarse de todo lo ocurrido en un tiempo anterior
dejar de existir y guardar un cuerpo a través del cual puedan verse los objetos con claridad
sin declararse
como un ser irreal que se imagina o se sueña
descomponiéndose de una parte espiritual inmortal de nuestra esencia humana
dando una cosa por otra que la substituya
y realizando algo inmaterial ordenadamente
formando una cosa juntando y ordenando varias
constituyendo un cuerpo nuevo
mirando el paisaje rodar ante mis ojos
tomando parte de las sustancias que componen el aire que compartimos
y viendo por la ventana las pequeñas casas y sus gentes hambrientas de sucederse
a lo lejos abandonadas y grises las fábricas
transcurren al borde de los caminos
imposible regresar al punto de partida
y de no tener en cuenta las faltas que hemos cometido
y de encontrar justificados y razonables el abuso de nuestros verdugos
y deslizarse sobre los labios de un abismo
al borde de un mar inmenso
y en la parte posterior allí donde se encuentra la circunstancia
en la que es posible que suceda algún mal
cantan en las últimas filas un grupo de personas congregadas
una vieja canción
Llego la hora de decir adiós
En marcha hacia la luz
No es más que un breve adiós
Por qué perder las esperanzas de volverse a ver
la letanía persiste mientras el motor ruge
subiendo las cuestas de nuestro calvario
impuesto por la resistencia de nuestros cuerpos a dejar el centro terrestre
prácticamente rendidos a las adversidades de este océano ciego
consumidos por la esperanza de que ocurrirá aquello sugerido
por los sentidos
dormir
y el movimiento involuntario del inconsciente altera
el orden natural de las cosas por un derrotero imprevisible
un sueño de compensación que se resumiría en
lo importante es que seguimos vivos
de aquellos que fuimos solo queda el residuo
nosotros como una porción indeterminada del todo
enfrentados a una fuerza desconocida que actúa de una forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos
sin potestad
estableciendo los límites de la frontera que separa
el sueño de una realidad soñada
y conscientes de que solo podemos esperar.

las cocinas de bronce, rodrigo llopis.